Testimonios

Testimonio del sacerdote Staņislav Čužāns  (1922 – 2010)

A la cercana parroquia de Borovka en Semana Santa viajaron muchos sacerdotes. Entre todos ellos, también estaba el entonces párroco de Sprukti Vladislavs Litaunieks. En aquella época yo era monaguillo en Boroka. Se me quedó profundamente grabado en mi memoria su cariño. Ahora cuando me acuerdo, cómo entró en la sacristía, en mi memoria quedó eso, como algo tierno, suave, silencioso.

Sprukti de Borovka está a 8 kilómetros de distancia. El sacerdote V. Litaunieks viajó a caballo; viajó él solo, conductor no tenía. De personas he oído que, durante el camino, el fue cogiendo viandantes. Y una vez iba un mendigo con un saquito en la mano, al cual el sacerdote Litaunieks lo sentó a su lado.

A las personas esto se les quedó profundamente grabado en la memoria porque por Borovka se extendió la noticia que el párroco, él mismo, había cogido por el camino a un mendigo.

Yo en aquel momento estudiaba en el Instituto de Kraslava. Para todos nosotros, estudiantes, durante el tiempo de Cuaresma había Confesión comunitaria. Nosotros, católicos, de forma organizada ibamos a la iglesia a confesarnos. El director del Instituto, el sacerdote Izidors Ancāns invitaba a Vladislavs Litaunieks para que nos impartiera formación antes de ir a la iglesia.

Antes de que el sacerdote Litaunieks comenzara a hablar, en la torre de la iglesia empezó a sonar la campana, y de la torre volaron unas grajilla que allí estaban metidas. La campana sonó, llegó el silencio, pero después de un tiempo de nuevo los pájaros uno detrás del otro regresaron a la torre. El sacerdote Litaunieks comparaba estos pájaros con los pecados.

Parecido ahora. Tendremos retiro, sonará la campana, habrá Confesión, para que nuestros pecados –las grajillas- salgan fuera. Esto fue el comienzo de la predicación del sacerdote Litaunieks. No me acuerdo de los siguiente.Él hablaba con mucha paz, prisa no había, la misma voz no la levantaba y esta paz que transmitía, venia de su corazón

Él era mi contrapeso a lo negativo. Si algo negativo oía, enseguida venía a mi su recuerdo. Y yo con mi vocación que nunca he perdido, la he custodiado! Gracias a Dios, toda la vida he servido, ahora ya 60 años sirviendo como sacerdote. Y a menudo recuerdo al párroco Litaunieks, él fue para mí un ejemplo positivo.

Fuente: Katolis.lv

 

Testimonio de Zaiga Melkerte, autora del libro ”El sacerdote mártir Vladislavs Litaunieks”

¨Muy a menudo lo he sentido a mi lado, especialmente en momentos difíciles, cuando tienes que tomar decisiones serias. He pedido su intercesión, a veces en situaciones que no se pueden entender y de forma muy rápida, y en diez minutos he recibido su ayuda, por supuesto si ésta era la voluntad de Dios. Todas las ayudas recibidas, claro que no las puedo contar. Cuento las últimas. En enero del 2001 empecé a trabajar en un hospital nacional como ayudante en cuestiones de ética y fe. Yendo por las plantas del hospital a visitar a enfermos graves, personas que se querían suicidar ( personas no creyentes o que creen poco y que, incapaces de superar los problemas de sus vidas, sencillamente deciden irse de esta vida). Siempre en estas visitas y ante cada uno de estos pacientes, pido la intercesión del sacerdote y mártir Litaunieks, para los pacientes y para mí. Y pido su presencia. Yendo por las plantas, siento que no estoy sola. En la misma sala donde está el personal sanitario, siento la presencia del sacerdote y que me han dejado sola con el sacerdote. En estos momentos ocurren hitos increíbles. Hay ocasiones, cuando el paciente de repente abandona su incredulidad. Muchos enfermos, después de recibir el alta hospitalaria, ellos mismos deciden recibir el sacramento del Bautismo y se encuentran a ellos mismos en la parroquia.

Segundo testimonio de Zaiga Melkerte

En mayo recibimos la la noticia de que en el hospital Gaiļezers había ingresado una chica de 16 años llamada Kristīne, que había intentado suicidarse, con una ingesta de gran cantidad de medicamentos. Los médicos no daban ninguna esperanza de vida. Su vida peligraba, era cuestión de horas porque su organismo estaba envenendado, el hígado en muy mal estado.

Por la noche pedimos por Kristīne a través de la intercesión del sacerdote y mártir. También otros fieles de algunas parroquias pedían su intercesión y rezaban por esta chica. En el hospital la visitó el sacerdote Andrejs Trapučks. Al día siguiente y bajo nuestra agradable sorpresa, la chica vivía. Continuamos rezando y pidiendo la intercesión del sacerdote y mártir. Como confirmó el médico, Kristīne ingirió tantos medicamentos, que de todos ellos podría haber muerto seis veces. Más tarde, Kristīne fue trasladada al hospital Linezers. Allí constataron que su hígado estaba completamente sano, y esto lo confirmó la madre de Kristīne (también médico): ”El hígado está completamente sano y no le quedan secuelas”. Esto no tiene una explicación médica. También el organismo está limpio de medicamentos. ”La misma Kristīne tan fuertemente quería al sacerdote y mártir Vladislavs Litaunieks, que lo ha elegido a él como su santo intercesor.

Zaiga Melkerte, autora del libro ”El sacerdote mártir Vladislav Litaunieks”

 

Testimonio de Anna Pudāne

En el pueblo Pelēču vive Anna Pudāne que no para de dar gracias a Dios y elogiar al sacerdote y mártir Vladislavs Litaunieks por su curación. Hace unos años la señora Anna tenía una verruga casi por todo el rostro. Ésta le dolía muchísimo, tanto que por la noche no podía dormir. La verruga creció y se hizo grande, más grande. La señora Anna empezó a pensar en el mismo demonio. Rezó mucho a Dios por su salud, pidiendo mucho su ayuda santa y, como ella misma dice, respuestas no había. Entonces, llegó  a sus manos un librito, la primera edición de “ Vladislavs Litaunieks”. Escudriñando la fotografía del sacerdote en la portada, comenzó a decirle: “ Vladislavs, si tū eres santo, socorreme! ¿Por qué tengo que andar con esto, y por qué esto no termina ya? Nunca he pedido tu ayuda pero ahora lo hago. Socorreme!”. Ese mismo día por la tarde, la verruga había desaparecido completamente de su cara, sin dejar ningún resto.

Anna Pudāne

 

Testimonio de la Hermana Klāra

Nosotras, Hermanas de los Pobres del Niño Jesús, a menudo tenemos presente en nuestras oraciones al sacerdote Vladislavs Litaunieks. Especialmente en casos de enfermedad de las hermanas más ancianas rezamos y pedimos su ayuda. Y su ayuda llega rápidamente. La Hermana Klāra además remarca: ”La nación a reconocido al sacerdote Litaunieks santo”.

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